El cuaderno es el aliado mesurado que siempre espera apacible la visita del lápiz para parlotear con él, dejándose rayar y borrar, permitiéndole decir y desdecirse, callar y volver a charlar.
Finalmente sabe que después de todo eso, terminará por organizar sus pensamientos, y en la intimidad lo escuchará fascinado y le guardara los relatos de las peripecias personales vividas... o imaginadas.
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