Sin ellas, el mundo seria de sordos y la gente de buena voluntad seria escasa,
Sin ellas, las miradas serian falsas y las palabras estarían cargadas de hipocresía.
Sin ellas, las sonrisas no serian inspiradoras y el hombre seria incapaz de mirar el horizonte.
Sin ellas, no habría rebeldía y las personas subsistiríamos en el miedo.
Sin ellas, los valores se habrían perdido y el mundo sería mas difícil de vivirse.
Sin ellas, la verdad no existiría y la manipulación ejercería el control total del hombre.
Sin ellas, exigir justicia seria solo una intensión y no un grito abierto por derecho.
Sin ellas, el dolor seria inútil y la vida seria un sinsentido.
Sin ellas, la ternura fuera un simple concepto y no una de acción de amor nacida desde dentro.
Sin ellas, la miseria humana seria virtud del hombre y no un defecto de conciencia.
Sin ellas, sin Mirna Garcia López, Rosario Ibarra de Piedra, Carmen Aristegui, Elena Poniatoska, Layda Sansores, Nestora Salgado, Jacinta Francisco Marcial y Lidia Cacho entre otras, la verdad y la justicia seguirían retórica de los manda mases.