Si hay una música para cada
momento, no entiendo porque las notas del silencio me persiguen y me enamoran
para abstraerme del mundo. Sus acordes afónicos me
influyen y cuando éste gana, suelto mi pequeña máquina de perder el tiempo o matar la vida. Sacudo mis rígidos dedos acostumbrados a obedecer a sus sonidos y vibraciones dia y noche;
entonces, en un abrir y cerrar de ojos de pronto YO ya no soy yo… Me transmuto. Él sabe que me encanta su
seducción porque arranca las costras de dolor y erosiona hasta la raíz la
hipnosis social que se traga todo lo humano.
En el silencio, juego fantásticamente
con las ideas, me vivo libre y soy lo que se me venga en gana: penumbra o
primavera, desierto o huracán, ente o nada. Qué importa romperme en pedacitos a
mitad de la habitación, igual puede ser el momento para deconstruirme y
desechar aquellas partículas que se han adherido al cuerpo solo para
contaminarlo.
Ahi es donde encuentro futuros y vuelvo a construir sueños. El silencio le pone alas al pensamiento y voz a las letras para darle sentido a la nada.
Si, así de ricos son mis
encuentros clandestinos con el silencio. Es magia alucinante, es confort, mi
opio y mi mejor amante en momentos de hastío.


