miércoles, 12 de octubre de 2016

PROSA PARA MIS ZAPATILLAS ROJAS.

De pronto,  mis deseos muertos se convirtieron en rojo candente. Mis instintos sorbieron el brebaje alucinante del color rojo y los instaló en mi sistema límbico y en mi piel; mis venas tiñeron hasta las entrañas de mis pupilas. Nunca había tenido tan perturbador apetito por ese color. Me apropie de él durante una semana. Era el rojo de mis sueños y de mis rebeldías. El rojo de mi dolor y de mis risas, el de mis labios y el de mis sentimientos, el rojo de mi universo y mis necesidades, el de mi escepticismo y encuentros. El rojo de mis huesos y mi vestido.
¡Ah! y el rojo candente de mis zapatillas, cómplices de mis andanzas. ¡Cómo olvidarlas! Si ellas son las que provocan tanta magia y tanto deseo distorsionado.
Mis zapatillas rojas estimulan la necesidad excitante de colgarme del universo para vestirlo de escarlata. Me seducen al disfrute de usarlas a diario para admirar mi figura estilizada y andar con pasos mesurados, husmeando la tierra para leerla, como si las suelas de mis zapatillas leyeran en Braille. 
Y si en el camino, los tacones me hacen tambalear y tropiezo, el efecto magico de mis zapatillas rojas levantaran con altivez la arquitectura de mi cuerpo para no perder la oportunidad de probarme y saber hasta donde soy capaz de llegar mientras descifro las lecciones de la tierra.

Y aunque creo que puede ser peligroso andar el mundo por impulsos alucinantes, mis zapatillas rojas ya dieron el primer paso para bailar la fiesta de la vida.

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