martes, 3 de enero de 2017

Infancia entre palmeras.

Omnipresentes en el paisaje costeño.
Ahí entre surcos culebrean los pensamientos de infancia.
Nuestros diálogos se perdían entre las hierbas mientras regábamos las palmeras con mis hermanos. 
Era cansado caminar desde el pueblo hasta la Colonia Buenos Aires y atravesar huertas para ir a trabajar o para llevar el bastimento. Era rico disfrutar la mezcla de olores matutinos de las hierbas y era divertido cortar frutos mientras caminábamos mi hermano y yo. O yo con mi madre.
Siempre era bonito ir sobre veredas frescas, tapizados los cielos de los caminos con enredaderas, cual túneles solidarios para que el sol no agotara. Siempre me acompañó el miedo a todos los animales que nos encontrábamos en el camino, lagartijas, iguanas, quema quema, vacas, víboras, cuyos, ratas etc, pero siempre camine con confianza repitiendo las palabras mágicamente protectoras que me enseño mi madre: "Dios por delante y la virgen por detrás", como grabadora las repetía durante el trayecto.

Era emocionante la pepena del coco, ahi se desvanecía la flojera, el miedo y el cansancio. Aun recuerdo que entre mis hermanos, a veces pepenábamos mas que lo que cosechaba mi papá y vendíamos el coco poco a poco. Eramos niños de 9, 11 y 14. No sabíamos gastar el dinero pero nos gustaba ganarlo. Recuerdo que la mayor parte se lo dábamos a mamá. 


 Y así, al meneo de las palmeras la alegría del corazón infantil se purificaba y los principios se forjaban.


Cómo me gustaría que las palmeras de la huerta hablaran...

La imagen puede contener: cielo, árbol, planta, césped, exterior y naturaleza

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