martes, 7 de febrero de 2017

Despertar.

Despertar. Son las seis de la mañana, poco a poco con esa suavidad que baña la brisa del mar, empiezan a penetrar cientos de luces por los poros del tejado de la casa. La danza de esas pequeñas luces que se mueven al compás de la hamaca junto con el aroma del amanecer, descobijan los secretos de infancia que guarda celosamente la tierra. Oler y saborear este suelo que tantas veces caminé descalza provoca alucinaciones. Me visto de ave para posar sobre los árboles de mango y guanábana, de chico y tamarindo de guamuchil y guaje. En las alturas del follaje, gozo ver esa raíz tan resistente a prueba de olvidos. Canto desde mis entrañas esa copla sencilla que aprendí de niña: "Por los caminos del sur..." Este pequeño cielo está tan lleno de vida...

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