La años vívidos hablan de forma tan ensordecedora que hay momentos que uno debe detenerse, hacerle caso y parar para apreciar los detalles imperceptibles del mundo. Poner el ojo en lo mas insignificante transmite grandes dosis de serenidad y placer que hacen olvidar el futuro.
Es ahí donde uno aprende a hacerle el amor a la vida.
Y es ahí donde los años se vuelven endiabladamente excitantes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario