Es domingo, el cielo amarillo de mi habitación me indica que ya está amaneciendo. Cierro los ojos y me entrego completamente al perceptible silencio. Saboreo en mis adentros el amanecer. La tranquilidad que envuelve el pueblo deja escuchar desde diferentes puntos cardinales el canto incontenible de los gallos quienes milagrosamente invitan un nuevo comienzo a la vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario