Eso de encontrarnos ni siquiera tuvo un presente, porque invariablemente los minutos los llenábamos de sueños, parecía que con ello alimentábamos nuestras alas para volar cielo adentro. Y allá, en la espesura de las nubes nos comimos el viento, nos sentimos luna y respiramos libertad.
Todo hubiera sido maravilloso, si no hubiera habido boleto de regreso. Porque acá, la ira de este mundo que habíamos abandonado, arrancó nuestras alas sin permiso y huimos; si, huimos cual aves silvestres, para trinar desde nuestro refugio los cantos mas afligidos, acompañados de discordantes notas que lentamente perforan los huesos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario