Uno de los recuerdos de mi niñez que mas saltan a mi memoria, es esa forma tan inocente de platicar con las plantas silvestres, especialmente con la flor llamada maravilla que tapizaba los caminos con tonos muy alegres, fucsia, amarillo, rojo y blanco. Aun me veo frente a estas plantas hablando y pidiéndoles permiso para cortar de ellas unas cuantas flores para hacerme aretes. Esa manía de sentirme una niña superpoderosa le dio alas a mi imaginación, aunque no se crean, a veces me daba miedo encontrarme hablando hasta con las nubes. En ocasiones me pensaba loca.
Eso lo hacia de niña.
Ahora estoy peor, porque hablo con la luna, con el viento, las aves, las nubes, el cielo, la noche y las piedras, para ahuyentar los monstruos que se quieren beber mis sueños.

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