Es un crimen no acurrucarse a los brazos de la quietud de la noche para escuchar los silencios que la luna nos habla.
Palpitan los minutos deshojando la negrura y las sombras aparecen en idílicos paisajes. La voz callada de la penumbra en complicidad con la luna, empujan a navegar sobre una isla llena de micro mundos: la propia vida.
Ahí se puede viajar hasta las profundidades sin interrupciones, nada se esconde, todo se siente y se añora.
Es vital de vez en cuando "hablar hasta por los codos" consigo mismo, Escucharse hacia adentro sabe a virtud que ayuda a crecer.
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