Las gotas de agua parlanchinas prolongaron su fiesta hasta
el amanecer para avivar los colores de los cuerpos y nostalgias.
Son las 8:00 am., escucho el suave canto de los cielos degustando una
deliciosa taza de café Atoyac enredada entre mis sabanas, dispuesta a prolongar
el tiempo para perderme en una buena película o en los brazos de Gabriel García
Marquez.
Truene o lleva, siempre tendré
un millar de razones para alimentar el alma y “Vivir para contarla”.


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