sábado, 6 de agosto de 2016

Saborear la lluvia.

Las gotas de agua parlanchinas prolongaron su fiesta hasta el amanecer para avivar los colores de los cuerpos y nostalgias.

Son las 8:00 am., escucho el suave canto de los cielos degustando una deliciosa taza de café Atoyac enredada entre mis sabanas, dispuesta a prolongar el tiempo para perderme en una buena película o en los brazos de Gabriel García Marquez.  
Truene o lleva, siempre tendré un millar de razones para alimentar el alma y “Vivir para contarla”.   

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